EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017

sábado, abril 30, 2011

EL TORERO GITANO : FRANCISCO VEGA DE LOS REYES (VII)

Las preferencias de "Gitanillo"

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Continuará...
Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI,nº286, Madrid 15 de diciembre de 1949
Colaboración de Germán Urrutia Campos.

CUANDO SEVILLA NO REGALABA NADA: FERIA DE ABRIL DE 1954 (I)

Primera del abono, César Girón corta rabo y orejas a toda ley, a un toro de Manuel Sánchez Cobaleda ¿¿Un gato??

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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 514, Madrid 29 de abril de 1954

CUANDO SEVILLA NO REGALABA NADA: FERIA DE ABRIL DE 1954 (II)

El rabo que cortó César Girón a toda ley, nada más y nada menos que a un Guardiola ¿¿¿un gato???

 
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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año XI, nº 515, Mdrid 06 de mayo e 1954

viernes, abril 29, 2011

EL MITO VICTORINO : ¿¿¿DECADENCIA ACTUAL???

Victorino ha perdido la memoria (II)

Cómo se inventó el mito
Alfonso Navalón
Ya os decía que fue muy fácil el lanzamiento de Victorino porque eran los tiempos de los borregos de Atanasio y los perritoros de Carlos Núñez. El público echaba en falta el poder, la fuerza y la sensación de peligro. A los Albaserradas les sobraba entonces de todo eso y cuando salía alguno con peligro, sembraba el pánico garantizando un clima de tragedia. Sólo faltaba un ganadero atrevido dispuesto a enfrentarse con los toreros y con las empresas. Y ese papel se lo aprendió Victorino en dos días.

Ya teníamos al patito feo. Al antiseñorito altivo y provocador. El resto fue muy sencillo. Pero había que romper en Madrid y tanto Jardón como D. Licinio, no estaban por la labor porque sabían el peligro que suponía dejar entrar en el baile a Victorino, que no tenía nada que perder y mucho que ganar. No estaban dispuestos a dejarlo meter baza en San Isidro. A la retaguardia estaban Juanito Martínez y Alberto Alonso Belmonte, también cerrados a darle paso.

Fue cuando lancé mi campaña de echarle al público encima a la empresa por no contratar los toros con casta y poder que pedía la afición. Jardón y Stuyck se dieron cuenta que las cosas estaban demasiado calientes y tenían en contra al público. Así que me llamaron a negociar la presentación del de Galapagar en San Isidro. Llamé a Victorino y lo dejó en mis manos. ¡Haz lo que quieras! Así que una mañana nos fuimos a ver los toros y luego a cerrar el trato en un restorán que creo que se llamaba “Mirasierra”. No acudieron ni Jardón ni D. Livinio y dieron por bueno lo que hicimos Juanito Martín y yo.

Se cerró el trato al final de la comida, después de elegir toro por toro concienzudamente. Por tipo y por hechuras. Huelga decir que entonces Victorino no sabía casi nada de líneas ni reatas porque no había tenido tiempo.

No hubo problemas para la fecha, ni el cartel. Y el miedo a apestar el dinero acabó muy pronto. Entonces las corridas andaban entre las 600.000 y las 800.000 pesetas de Miura (que ganaba 40.000 duros más que los otros). Así fue como Victorino fue el primer ganadero que cobró un millón de pesetas por una corrida, poniéndose en categoría económica por encima de los Domecq, los Núñez, los Perez-Tabernero y los Atanasios. Desde entonces le ha dado lecciones a todos y ahora algunas tardes cobra tres veces más que Alvaro Domecq.

Todo lo demás fue coser y cantar

Quede claro que Victorino miente diciendo que Zabala lo ayudó mucho. A Zabala no le hicieron ni caso ni Livinio ni Jardón. Yo lo puse en San Isidro y en categoría. El resto lo ha sabido hacer mejor que nadie. Ningún ganadero ha puteado a las empresas y a los toreros como lo hace este cateto, que llegó a poner y a quitar de los carteles al que le dio la gana. Y a cobrar lo que no soñaba nadie.

LOS TENTADEROS DE MONTEVIEJO

COMO SE INVENTÓ TAMBIÉN LA GANADERÍA

Normalmente el cartel se logra, después de muchos años de selección hasta poner la ganadería a punto. Victorino logró el cartel, la fama y el dinero, antes de saber lo que tenía en la finca. Sabía de su ganadería lo mismo que cualquier extraño con algo de afición. Antes de empezar los tentaderos había una cosa clara. Casi todos los animales estaban “en tipo” y respondían al físico de los Albaserradas. Lo que llevaban dentro había que averiguarlo.

La aventura me apasionó tanto como al ganadero. O más. Más porque he sido el que más tentaderos y más vacas he toreado en aquella placita, con burladeros de palos podridos, atragantones de polvo y demás odiseas que no llevarían muchas horas contar.

Desde que me entendí con la primera vaca (de once años, negra, cornalona y astifina) estuve presente en todos. En Semana Santa, en Otoño y algunas veces en las mañanitas de las fiestas de San Juan en Coria. Iban rotando en los diferentes tentaderos Dámaso Gómez, Andrés Vázquez, El Paquiro, el pobrecito Falcón. ¡Vaya un hombre!

Tardaron tiempo en llegar Ruiz Miguel, Márquez y los que luego le mataban las camadas.

Tentábamos a hecho. Todas con más de doce años. Con lo cual resultaba todo más sencillo. Las buenas lo demostraban enseguida y las malas cantaban la gallina desde que salían. Victorino no tenía libreta ni tomaba nota de nada. Hasta en esto acertó, porque los hijos de las vacas de desecho le dieron una gloria extraña que para cualquier ganadería habría sido un fracaso. Los toros de desecho se convirtieron en los famosos “alimañas” y la gente disfrutaba cruelmente viendo pasar pánico a los toreros.

Y aquí está otra leyenda oculta. La gente pensaba que Victorino era un ganadero escrupuloso, que vivía entre los toros y conocía la madre, la abuela y la hija de cada vaca. Nada más falso, Victorino estaba más tiempo en el Wellington y rodando por las ferias que en “Monteviejo”. No le hacía falta. Lo suyo era torear en la calle y estar en las comidas de las peñas y manejar la prensa.

La ganadería no necesitaba selección. Sólo echarle de comer y tener los toros lustrosos. Enemigo acérrimos del afeitado, en cambio afeitaba los mogones o lo que se escobillaban, no para favorecer al torero, sino para poderlos vender porque no era cosa de perder la millonada que vale un toro por astillas de más o de menos. ¿Quién iba a desconfiar que Victorino afeita cuando le conviene? Ni con las sanciones en firme, sigue defendiendo su honradez y su pureza.

EL TORO “VALENCIANO”

Una de las veces que paseábamos ente las vacas vi un semental se me salió de ojo: ¿Victorino que hace esto aquí? Me contó la historia de “El Valenciano” que lo habían tentado en la plaza de Vista Alegre Luis Miguel y Ángel Teruel y había sido “extraordinario en la muleta”. Pero, ¿y las hechuras? El toro era todo lo contrario que un saltillo de Santa Coloma. Era cortejano, barrigón, cargado de grupa, cornicorto y badanudo… Como vio que tenía razón se quedó un rato pensativo porque respetaba mucho mis opiniones. ¡Mañana vamos a salir de dudas!

A todo esto me puse insoportable con el descubrimiento y pasé la comida y la cena tomándole el pelo delante de todos. Que si te has vuelto torerista, que si se te ha hecho el culo agua porque lo ha toreado Luis Miguel. Que eres tanto que haces más caso a un torero que a un amigo…

Al día siguiente encerró cuatro eralitas, hijas del “Valenciano”. Después de torear tantas vacas viejas aquello resultaba increíble. Tentar cuatro becerras casi sin pitones. ¡Vaya juerga que nos esperaba!

Pero… ¡nos trajeron de cabeza las cuatro! Broncas, cobardinas, mansas y embistiendo a arreones sin fijeza. ¡Al matadero con ellas! Eran las primeras hembras que se desechaban de la ganadería. Aunque yo sospecho que se las vendió a Pichorrongo u otro ganadero de Miraflores que se llevó cincuenta vacas ¡ “de nota”!

Imaginaba que mataría al semental pero no nos dio cuenta de sus planes. Todo esto pasó en el tentadero de Semana Santa. Cuando fuimos a las fiestas de San Juan a Coria ya andaba por las calles el toro “Valenciano”. Se lo había vendido a sus amigos por 40.000 duros de los de entonces.

Ya es sabido que está rigurosamente prohibido lidiar toros toreados y menos a sabiendas. Pero nadie le dio importancia a que el “Valenciano” estuviera toreado. El caso es que dio buen juego. Corrió todas las calles y al llegar a la explanada de la catedral, los mozos lo desafiaban detrás de la balaustrada de piedra que le llegaba al toro a la altura del belfo. Harto de que le hicieran burla pegó un pechazo y abrió un portillo, derribando una piedra de más de doscientos kilos. Por lo demás fue inocentón y sólo hubo dos cogidas de cierta consideración. A una mujer le rajó la cabeza desde la nuca hasta la frente, de una cornada limpia resbalando en el hueso del cráneo. Yo había estado recortándolo con un jersey un montón de veces y me fui a tomar un refresco a la Plaza Nueva, junto al castillo. No hicimos caso del griterío y el “Valenciano” se me echó encima. Me pateó y siguió su camino, perdonándome la vida. ¡Le he visto la barriga al “Valenciano”!, y seguimos la fiesta.

EL OLVIDO

Como no es cosa de hacer esto interminable y me sobran los recuerdos para llenar un libro sobre Victorino, volveremos al principio. Al absurdo olvido de Victorino, renegando de un amigo leal al que él sabe muy bien todo lo que le debe y soltando la patochada de que le debe más a Zabala.

Cuando él mismo reconoce que el pobre Vicente no sabía nada de toros ni de campo. Mal podía ayudarlo un ignorante. Lo que yo hice en el lanzamiento de Victorio lo puede contar con más detalla Julio Stuyck, hijo de D. Livinio que vio muy de cerca, donde estaba Zabala y donde estaba yo cuando alguien convirtió a un paleto desconocido en un “ídolo” nacional.

Cuando vinieron mal dadas y me quedé en la calle, recibió el apoyo de muchos amigos. Victorino se olvidó que existía. Cuando algunos días no tenía ni para comprarme un paquete de tabaco a Victorino no se le pasó por la cabeza llamarme para alguna de las muchas conferencias que daba.

Cuando yo estaba en candelero lo llevaba a todas partes y en algunos sitios como en el Hotel Carlton de Bilbao logré que le pagaran 100.000 pesetas de antes. Por eso ahora me da mucha pena de Victorino y sus glorias ganaderas. Me traicionó como amigo y ahora no quiere reconocer lo mucho que me debe.

VICTORINO : EL NACIMIENTO DE UN MITO

VICTORINO HA PERDIDO LA MEMORIA (1)

Olvida a quien lo ayudó cuando no era nadie

Alfonso Navalón

Me resulta doloroso escribir sobre esa sentencia popular de “el que no es agradecido no es bien nacido”, porque una de las mayores miserias del hombre es la ingratitud. Esa mala conciencia de olvidar a quienes lo ayudaron a salir de la nada para convertirlo en un ídolo y pasar de la pobreza a los millones. Todo el mundo sabe que mucho de lo que es Victorino me lo debe a mí. Desgraciadamente al subirse al machito del triunfo lo ha olvidado. Como olvidó a otros muchos amigos leales que lo apoyaron cuando no era nadie.

Empezó repudiando a su propia mujer que entregó su vida para que tuviera unas pesetillas y sostener la casa, cosiendo y trabajando para fuera. Mientras él andaba por las tertulias de Madrid, Maruja cosía como una esclava para sacar a los hijos adelante. En cuanto el nuevo ganadero alcanzó la fama y dinero la dejó tirada., como tanto nuevos ricos que al mejorar de posición buscan mujeres nuevas y tratan a la madre de sus hijos como a una criada. Maruja aguantó con gran dignidad estas humillaciones y se negó a formar parte en la nueva corte de amigos y aduladores que llegaron en bandadas a la hora del triunfo.

Al cabo de los años cuando fui a visitarla vivía en la casa del vaquero en “Monteviejo” con entereza y resignación. Me ofreció de corazón una taza de leche migada que era todo lo que tenía mientras su marido andaba por los grandes hoteles, rodeado de mujeres y falsos amigos de la nueva fama: “Ay, Alfonso por aquí ya no han vuelto los que estabais entonces cuando no teníamos más que trampas…” Si se hubiera puesto en su sitio se habría quedado con la mitad de las fincas y la ganadería que le correspondía por ley. Pero no quiso nada, encerrada en la finca de Cáceres, mientras su marido se casaba con otra que tardó muy poco en dejarlo plantado.

Si esto lo hizo con su mujer a nadie va a extrañarle el mal pago que dio a todo lo que hice por él. Me limité a no volver por su casa ni a invitarlo a la mía, donde durante muchos años le di tratamiento de estrella en aquellos tentaderos donde convocaba a las figuras del toreo, de la política y de la alta sociedad. Por allí pasaron muchas celebridades y Victorino era el picador que tentaba las vacas. Algo que no había hecho jamás y se ganaba las voluntades con ese gesto de humildad y llaneza.

Cuando dejé de serle útil porque ya no escribía me di de lado. Y se arrimó a Molés y demás mercaderes para seguir en candelero. Comprenderéis que después de tantos años viviendo por dentro el mundillo del toro no iba a extrañarme el comportamiento porque la ingratitud es algo muy frecuente entre los taurinos. Casi siempre los que triunfan se olvidan de quienes los ayudaron en las horas duras.

Estos días ha tenido la desvergüenza de hacer unas declaraciones en “Aplausos” haciéndome de menos para darle coba a Zabala y a su nueva corte de advenedizos. Los que vivieron aquella época saben que el pobre Zabala tuvo una intervención anecdótica en la aparición de Victorino. Estaba entonces en “Nuevo Diario”, de modestísima tirada y cuando surgió el pleito entre El Cordobés y Palomo porque los dos querían la corrida de Galache para San Isidro, el astuto paleto ofreció gratis una corrida suya para que la mataran los dos.

Fue una habilidosa forma de darse a conocer. Pero no le hicieron ni caso. Ni Zabala tenían entonces la mínima fuerza y el supuesto ganadero era sólo un carnicero de Galapagar conocido como tratante de ganado. Victorino dice que “se armó la mundial”. Lo cierto es que no hicieron puto caso ni a él ni a Zabala. Los empresarios de Madrid tampoco. A fin de cuentas lo que ofrecía eran unos toros de desecho destinados al matadero.

Ese era el rumor general. La ganadería de Escudero Calvo había dejado de exsitir porque los sobrinos que la heredaron no tenían posibilidades de sacarla adelante y se la vendieron a precio de carne pero entre ellos había un caballero llamado Andrés Asensio, que olvidándose de los embargos y del dineral que debía Victorino, se puso de su parte para salvar la ganadería. Y ahí es donde aparezco yo haciendo memoria de los muchos toros de bandera que había visto lidiar como sobreros, cuando ya la ganadería estaba en la cuesta debajo de la descomposición. Recordé, sobre todo, que con un sobrero de este hierro se consagró como figura “El Viti” en Madrid con su primera saluda por la puerta grande.

Me di cuenta del partido que se le podía sacar a la recuperación de una ganadería con viejo cartel, donde necesariamente tenían que quedar muchas cosas buenas y sobre todo del juego que podía dar un cateto listo en aquella España que ya estaba harta de señoritos inúltiles y de ganaderos vendidos al poder de los toreros. Victorino podía ser el símbolo del triunfo del humilde, como representante del pueblo frente a bobería de los terratenientes y aristócratas. Me interesaba más el personaje para romper moldes, cuando se tambaleaba el franquismo y la gente necesitaba ídolos diferentes. Salvar la ganadería era mucho más fácil. Bastaba con cantar a los bravos y demostrar que el peligroso con sentido hacía falta para darle emoción frente a tantos borregos como nos aburrían en el ruedo. El cateto lo vio muy pronto y representó su papel a las mil maravillas.

Victorino aparecía en el Wellington con su jersey viejo, sus botas sucias y sus dientes de oro. Así entraba en los lujosos salones donde los señoritos de Jerez lucían sus corbatas de seda natural y sus trajes a medida. Victorino además olía muy mal porque entonces no se había familiarizado con la ducha. Era el antiganadero y el antiseñorito. Era también analfabeto. Pero hablaba con facilidad y decisión y hasta las patadas que le daba al diccionario le daban todavía más autenticidad.

En aquella España de la apertura yo no podía apuntarme al bestiaje del heredero del Conde de la Corte que tardaría muy poquito en destrozar la ganadería. No veía futuro entre los ganaderos de mi tierra, conservadores y burgueses que, muerto Antonio Pérez se había dejado quitar el mando por los andaluces.

En Salamanca sólo me quedaba un personaje para triunfar en la nueva historia. Era otro cateto de pueblo, listo y campechano con mil historias para contar. Era “El Raboso” con sus bravos “coquillas”. Pero El Raboso estaba dominado por el ambicioso Pedrés que quería quedarse con la ganadería y las fincas. El Raboso se acojonaba cuando veía a un empresario y no tenía agallas para protestar en defensa del toro. Además era muy mal ganadero y se le morían las vacas de hambre. Le recomendé una corrida para Las Fallas de Valencia y se la rechazaron porque los toros, flacones y con el pelo del invierno, ni siquiera dieron el peso reglamentario.

El único personaje que me quedaba para cambiar la monotonía de la fiesta era Victorino y la tarea de recuperar el prestigio de los Albaserrada. Pero esto era ya mucho más fácil. Porque si salía un manso con peligro que podía hundir a cualquier ganadero, para Victorino podía ser un triunfo. Así se creo el mito del toro “alimaña” y me resultó facilísimo convencer al público que tenía mucho más interés la emoción del peligro que el borrego bobalicón detrás de la muleta sin mirar al torero. Que el toreo necesitaba más sobresaltos y menos comodidad.

Así se hizo el milagro de que los toros malos de Victorino recibieran tantas ovaciones en el arrastre como los buenos. A ningún ganadero se lo habían puesto más fácil en toda la historia. Le daban prestigio los bravos pero los malos, los que debieron ser un fracaso, les crearon la leyenda. Para más suerte no tenía enemigos porque los moruchos de Miura ya no daban una mala cornada y lo de Pablo Romero se caía mucho y sólo conservaban su aparatosa carrocería. El sitio del triunfador estaba vacío y Victorino estaba destinado a ser el mandamás de los ganaderos.

Puse manos a la obra y lo cierto es que el personaje respondió a las mil maravillas. Por si faltaba algo lo enseñé a dar conferencias y llenaba los salones más que los intelectuales y los pedantes teóricos de la literatura taurina. El pobre Zabala se cagaba de miedo cuando tenía que hablar en público y las llevaba escritas. Así que el cateto también servía para mítines que enardecían al personal con cuatro cantinelas como la defensa del público que paga, la integridad del toro, acabar con los abusos de los picadores y con la avaricia de los empresarios.

Yo había subido al monigote encima de una mesa para que bailara. Pero lo cierto es que aprendió enseguida a bailar. La música la sabíamos todos. Pero el que ya no se bajó de la mesa fue Victorino. Y sigue en el baile. Pero de bastonero con mucho mando.

Nota: Como esto se ha extendido demasiado porque la historia es larga, cortamos ahora para seguir un día de estos.

Fuente: http://www.alfonsonavalon.com/

miércoles, abril 27, 2011

EL TORERO GITANO : FRANCISCO VEGA DE LOS REYES (VI)

Los percances sufridos por "Gitanillo"
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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº285, Madrid 08 de diciembre de 1949

lunes, abril 25, 2011

SEVILLA FERIA DE ABRIL : 1949

Feria de Abril de 1949 - Primera del Abono

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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº254, Madrid 05 de mayo de 1949

domingo, abril 24, 2011

NOSTÁLGICAS FERIAS DE ABRIL EN SEVILLA

Feria de Abril de 1949

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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Madrid,Año XIV, nº670, del 25 de abril de 1957

sábado, abril 23, 2011

EL TORERO GITANO : FRANCISCO VEGA DE LOS REYES (V)

La bondad de "Curro Puya" y lo que ganó y gastó "Gitanillo"



Continuará........

Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 284, Madrid, 01 de diciembre de 1949.
Colaboración de Germán Urrutia Campos.

viernes, abril 22, 2011

"Dime, Curro Puya, ¿ Se te para el corazón cuando toreas?"

RECORTES DE PRENSA

El 18 de mayo de 1930, el crítico de ABC, Gregorio Corrochano, refiriéndose a los lances que dío Curro Puya en Madrid, escribia:

“Yo tenía un reloj. No creía del todo en él, porque suelo llegar tarde adonde me propongo ir. Pero lo conservaba por sí el reloj de los otros adelantaba. Desde ayer no tengo reloj. Ayer me convencí de su inutilidad. Quise ver, reloj en mano, lo que tardaba en dar un lance de capa Gitanillo de Triana. Y cuando miré el reloj, el reloj se había parado. No estoy muy seguro de que se parase mi reloj, porque pregunté a mi adyacente en el tendido, un hombre de barba blanca y jovial, como Noel figura simbólica del tiempo, y al hombre de la barba blanca se le había parado también el reloj. Entonces pensé si acaso no era el tiempo el que se había parado.Porque en aquél instante se había parado el toro, el toro que es fuerza -masa por velocidad,delante de un débil obstáculo como un capote de seda. ¿Porqué los toros pasan veloces, ciegos de instinto, delante de los capotes de los toreros, y por qué delante de este capote cambian de ritmo y dominan su instinto? Misterio. Cada hombre tiene su movimiento, porque cada hombre lleva en su pecho el reloj enforma de corazón. El de este Gitano de Triana es, sin duda, grave, lento, como si ya fuera a pararse. ¿Pero acaso no se para? Dime, Curro Puya, ¿se tepara el corazón cuando toreas?Porque ayer creo que se paró el mío viéndote torear. ¿Cuánto tardaste en aquellos lances del sexto toro y aquel quite del primero? ¿Tú lo sabes? Yo lo sabría si no se me hubiera parado mi reloj.”

Fuente: EL AFICIONADO, Órgano de expresión de la Asociación Cultural, La Cacaña Brava, Nº 32 - octubre de 2010, Pagina 11.

SEMANA SANTA

Una Cruz en el Camino

Brindis al Cristo de los Faroles

Una Cruz en el Camino

Fuente:  Sanchis Cortes: Lirismo y Bravura

miércoles, abril 20, 2011

EL TOREO DE ANTOÑETE ¡¡ UN CLAMOR¡¡¡

FERIA DE SAN ISIDRO

El toreo, un clamor

JOAQUÍN VIDAL - Madrid - 08/06/1985

Plaza de Las Ventas. 7 de junio. 25º corrida de feria. Tres toros de Santiago Martín y tres de Juan Andrés Garzón, desiguales de presencia, mansos, que dieron juego; sexto, condenado a banderillas negras.

Antoñete: media perpendicular (oreja con protestas); pinchazo y estocada (dos orejas y dos clamorosas vueltas al ruedo con aclamaciones de "¡torero!"). Curro Romero: estocada perpendicular, otra perdiendo la muleta y descabello (silencio); estocada delantera (oreja y clamorosa vuelta al ruedo). Curro Durán: estocada trasera caída (división cuando -saluda); pinchazo y estocada tendida (aplausos). Antoñete salió a hombros por la puerta grande.

Citaba Antoñete a la distancia, dejándose ver -iyú!, como le grita al toro-; el toro acudía alegre y cuando iba a entrar en jurisdicción, el maestro le cargaba la suerte, le embebía en el engaño y la plaza toda acompañaba la solemnidad del muletazo con un rugido sideral. Citaba Curro Romero a la distancia, más breve, esperaba relajado la embestida, fundía al toro en los vuelos escarlata con suavidad de seda, remataba convirtiendo en magia la quintaesencia de la naturalidad, y la plaza toda acompañaba las luminarias del arte con un rugido sideral. Allí, en Las Ventas, en una de las tardes más emotivas que se recuerdan, se estaba produciendo, sencillamente, el prodigio del toreo, y ese prodigio levantaba un clamor, un eco vibrante y sostenido que estremecía todos los rincones del coso.

Las faenas de Antoñete eran de una autenticidad irreprochable. Las faenas de Antoñete, dos lecciones magistrales de la mejor tauromaquia, tenían sobre todo una carga de torería que aromatizaba, no ya las suertes, sino cada uno de sus movimientos. La soledad trágica que viven el toro y el torero, frente a frente en el centro del ruedo, curvos horizontes difusos a su alrededor, emanaba ayer una emotividad máxima. Crecido el maestro en su arte, transfigurado, a ritmo procesional, iba creando una obra hermosísima que se remontaba a sí misma en cada pasaje. El entramado de la faena era el toreo fundamental, por naturales principalmente, luego por redondos, y la ligazón de los pases de pecho instrumentados con hondura.

Ciertamente en el transcurso de la obra había imperfecciones. El temple no se produjo con la necesaria continuidad y los enganchones de muleta pusieron motitas apenas perceptibles en el color encendido de cada suerte. Pero no eran el calibrador mecánico ni el espía electrónico miradores que pudieran tener acomodo en aquellas faenas para la historia. Únicamente lo tenían el sentimiento, la identificación colectiva con un rito insólito que sólo se produce cuando emana de un torero cabal. La primera faena de Antoñete fue importante y con la monumentalidad de la segunda el público entró en delirio. A ese segundo toro lo había lidiado Martín Recio con la técnica impecable que acostumbra, siempre por delante, abajo el capote, que es el artificio idóneo para que el toro mejore la embestida. Montoliú lo banderilleó llegando a la cara pausadamente, reuniendo y prendiendo en lo alto. Ambos tuvieron que saludar montera en mano, y el maestro los sacó a los medios al terminar sus clamorosas. vueltas al ruedo. Cuando Antoñete, en su segunda faena, dibujaba el natural en el centro geométrico del ruedo, y volvía a alejarse del toro para reiniciar la creación del muletazo, la multitud prorrumpía en gritos de .¡torero!", flameaba pañuelos, ¡la locura! En medio de esa locura daría los mejores redondos de toda su actuación. Ganó a ley las dos orejas y en las vueltas al ruedo el público se rompía las manos y las gargantas de aplaudir y aclamar, lanzaba al ruedo todo cuanto tenía a mano para homenajear al maestro.

Después llegó Curro. Nadie podía hablar ahora, de maestría, ni de nada podía hablar, porque lo de Curro trascendía cualquier pauta. La pulcritud, la suavidad, la caricia para embrujar al toro en aquellos redondos prodigiosos, que hicieron saltar al público de sus asientos; eso creó Curro en el crisol de su inspiración. Probó el natural, por donde el toro le cabeceaba, y volvió al toreo en redondo, aún más inspirado, aún más subyugadora su estética. A nadie importaban cánones, aunque había cánones, de pura escuela rondeña, ejecutados con la más escrupulosa exquisitez. Porque aquello era la conmoción del arte, la síntesis de la naturalidad. A brincos; sí, a brincos, siguió el gentío aquella faena memorable, y rompía en palmas por sevillanas, arrojaba puñados de romero al ruedo, creía que era el fin del mundo.

Si el toreo es ciencia, ahí estuvo ayer Antoñete. Si el toreo es poesía, ahí estuvo, ayer Curro Romero.

La casta del primer toro había sido excesiva para las conformidades de Curro. El tercer espada, Curro Durán, tuvo una actuación valerosa, principalmente en su último toro, un manso sin fijeza, condenado a banderillas negras. Pero esos aconteceres no pasaron de ser anécdotas de la corrida, como tantas en la feria. Lo otro fue un clamor, el toreo, la gloria.

Fuente: http://www.elpais.com/

martes, abril 19, 2011

EL TORERO GITANO : FRANCISCO VEGA DE LOS REYES (IV)

El 08 de agosto de 1926, en el Puerto de Santa María, Rafael Gomez "El Gallo" concede la alternativa a  "Curro Puya".

El 06 de octubre del mismo año, la confirma en la Villa y  Corte de Madrid, de manos de  Rafael Gomez "El Gallo"

Continuará........
Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 283, Madrid, 24 de noviembre de 1949.
Colaboración de Germán Urrutia Campos.

ENTRE LA OBLIGACIÓN Y LA DEVOCIÓN

 Un trabajo que empieza a las cinco

Alfonso Navalón (15 diciembre 1964. El Ruedo) 

Convertir una afición en profesión no deja de ser un servilismo doloroso, porque cuando el arte que llena el espíritu acaba siendo un medio de vida, necesariamente tiene que perder sinceridad.

Siempre me ha parecido más bonito lo que hace un aficionado que la perfección de un profesional. Porque el aficionado, despojado de egoísmos materiales, busca el placer estético donde los otros encuentran una solución de sus necesidades humanas.

El aficionado consciente de su condición, jamás hará concesiones a los demás, ni caerá en la monotonía de convertir el arte en oficio. Al revés: Cuando más sólo esté más orgulloso se siente y con más profundidad vive lo que hace.

Tienen vibración sentimental los tres naturales de esos que llamamos "señoritos del toreo" que la faena completísima de cualquier figura. Aunque aquellos lo hagan delante de una becerra y éstos tengan la responsabilidad del toro, del público y de la vida en juego. La gran faena de un gran torero es un eslabón más de la dilatada cadena de aciertos. Y los aplausos son el lógico premio del trabajo bien hecho.

Pero esos tres naturales de la becerra pueden ser el principio y fin de un hermoso sueño. Y aunque el sueño tenga segundas partes, los tres naturales quedarán clavados en el alma del recuerdo con su fondo de gente y de paisaje, con precisión de fecha, de hora y de matices.

Cuando pasen los años y la gente, cuando se muera la becerra, y cuando el protagonista no tenga más horizonte que un despacho o una vida cercada por ataques de reuma, en su alma seguirán teniendo ritmo aquellos tres naturales, aquella tarde y aquella encina que a él le parecía asomada a la placita para verlo torear.

Cuando el torero deje sus miedos en la naftalina de unos trajes con el oro envejecido, volverá a ser aficionado y se perderá también por los senderos de la evocación, deteniéndose un poco en cada una de aquellas 30 o 40 faenas que tuvieron importancia. El torero, igualado en canas con el señor del despacho y del reuma, tratará de soñar con lo que fue y lo que pudo ser. Pero aquella faena perdida entre otras cuarenta hermanas gemelas, será una sensación imprecisa, traducida al presente. Será el camino grato de 40 pases convertidos junto a otros 6.000 en un cortijo y un batín de seda. O será el remordimiento de verse "sin tabaco" y volver la vista con pena hacia las tardes de gloria que no fue capaz de cuajar en un bienestar por culpa de la "mala administración".

No es lo mismo la obligación que la devoción. No es lo mismo torear por vocación que vivir de torear. Convertir en deber algo que nos gusta es uno de los mayores sacrificios del hombre.

Imaginaos la lucha de algunos toreros cuando llegan las cinco en punto de la tarde y no tienen más remedio que salir a matar dos toros. Y tiene que ser forzosamente a las cinco en punto de esa tarde calurosa. No cabe esperar a la inspiración. No cabe dejar el ensayo para mañana como hacen los cómicos cuando están de mal humor. O escribir el artículo por la noche. Tampoco sirve cambiar de tema o elegir el que más convine: tienen que ser los dos toros de todas las tardes que saldrán como a ellos les dé la gana sin que el hombre tenga más salida que explicar ante ellos una ciencia, al mismo tiempo que a los tendidos debe llegar un conjunto de armonías y emociones.

A esta constante preocupación le faltan todavía esos cientos de kilómetros que separan un plaza de otra, ese dormir sin dormir, mecidos por los baches de la carretera; y por si falta algo, puede un hombre pasar así tres o cuatro años y acabar debiéndole 20.000 duros al apoderado.

No es fácil ser torero. No es tan bonito como piensan algunos tener por oficio algo que antes ha sido sólo un ideal poético.

Si a los que son figuras del toreo los dejaran volver a empezar (sin el fantasma de los millones por medio) se conformarían con ser aficionados. Con torear de tarde en tarde, con muchas vísperas delante de cada faena y muchos días después para recordarlas pase a pase, como se recuerda la primera tarde de amor o el primer día que nos fugamos del colegio para fumar el primer cigarro.

Por eso hay tanta diferencia entre el aficionado y el profesional. Entre el poeta que sueña y recuerda y el hombre sin nervios que ha convertido el arte en oficio. Porque, para muchos, torear no es más que eso: un trabajo que empieza a las cinco en punto. 

Fuente: http:/www.alfonsonavalon.com

lunes, abril 18, 2011

RODOLFO GAONA :EL VERDADERO FENÓMENO

EL QUE NO VOLVIÓ

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Fuente: ¿Por qué vuelven los toreros? Conchita Cintrón, Editorial Diana, México, 1978

sábado, abril 16, 2011

EL TORERO GITANO : FRANCISCO VEGA DE LOS REYES (III)

DE LA FRAGUA A LA GLORIA TAURINA

Continuará.........
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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 281, Madrid, 10 de noviembre de 1949


EL DESJARRETE OPROBIO Y VERGÜENZA DE "LIDIADORES"

EL DESJARRETE O MEDIA LUNA

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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 280, Madrid,03 de noviembre de 1949.
Colaboración de Germán Urrutia Campos

viernes, abril 15, 2011

LA PIEDRA FILOSOFAL DE LAS FIGURAS

FERIA DE BILBAO                                        
 El toro lelo
JOAQUÍN VIDAL, - Bilbao - 20/08/1996
Se lidió el toro lelo.Que lidiaran el toro lelo es un decir. En realidad, lo que apareció por los chiqueros era un especimen gordito que tenía cierto parecido con el toro de lidia, pegaba una carrera, se caía al tomar los capotes que le presentaban los diestros, recibía un puyacito, se volvía a caer, aceptaba resignadamente que le prendieran unas banderillas y se quedaba pasmado. Entonces los diestros aludidos le daban unos pases, moría el especimen no se sabe si de estocada, de agotamiento o de disgusto, y aquí paz, después gloria.

Y a cobrar, que es lo bueno.Cobrar seguro, a buen dinero y encima darse aires de figura es lo que justifica al toro lelo.

 Con el toro lelo en plaza las figuras pueden torear cien corridas, hacerse millonarias, coger lustre, sobornar a quien haga falta, depravar el oficio; y, por cuatro chavos más -a veces basta una mariscada- llevar una corte de aduladores que las canten gestas, las proclamen toreros de época y de paso añadan que Joselito y Belmonte, a su lado, eran unos pobres de pedir.

 El toro lelo es lo que les conviene a los tres figurones de ese circo patético que montaron ayer en la plaza de Bilbao, a los que aún están por venir, a su corte de aduladores y a ese contubernio de taurinos que pretende controlar la fiesta.

 El toro lelo ha tomado carta de naturaleza en España y es ya una institución, como el perro del hortelano, la burra de Balam, el buey Apis, la gallina piruleta.

 De todos los mencionados, a lo que más se parece el toro lelo es a la gallina piruleta. No tan fiero. Pero si pusieran juntos al toro que torean las figuras y a la gallina, uno no sabría precisar cual de los dos le llegaría a infundir mayor respeto.

Hay toros y toros, naturalmente, como hay gallinas y gallinas. Y determinadas figuras, con el apoyo de sus gacetilleros áulicos, se valen de esta diversidad para utilizar un ingenioso truco: permiten que los toros legales, los toros verdaderamente peligrosos y auténticos, se los echen a los toreros modestos, con lo cual les condenan a permanecer indefinidamente en el escalafón de los marginados; y si por una siniestra pirueta de la fortuna sobreviene la desgracia, les sirve para legitimar su condición de figuras.

 El domingo ocurrió esa desgracia: un serio, cuajado, astifino, íntegro toro de Palha le pegó un cornadón tremendo al torero modesto Pepe Luis Martín, y a los aduladores sopistas les faltó tiempo para echarse las manos a la cabeza, exigir un respeto a las figuras, proclamar los enormes riesgos que corren toreando el toro lelo.

Tontos hay en todas partes, con especial incidencia en el mundo taurino -donde llegan a formar multitud- si bien la demagógica argumentación es demasiado estrafalaria para que pase inadvertida. El toro Palha que torearon el domingo los modestos y el toro lelo que torearon el lunes las figuras no tenían nada que ver. Llega a salir el toro Palha el lunes, y a lo mejor a las figuras les da un soponcio; llega a salir el toro lelo el domingo y los modestos se lo comen con patatas.
Las figuras, al toro lelo del lunes -primer día grande del Aste Nagusía y de la octava del 6-1 en San Mamés, festividad de san Juan Eudes presbíterono le dieron ni un pase digno de tal nombre. Las figuras, al toro lelo ni lo lidiaron, ni le hicieron bonitas las suertes. Las figuras se limitaron a poner posturas flamencas, aburrieron al personal, cobraron fuerte y se marcharon a dar en otra parte el timo de la estampita.

El toro lelo es, para las figuras, la piedra filosofal.

jueves, abril 14, 2011

EL TORERO GITANO: FRANCISCO VEGA DE LOS REYES (I)

De la fragua a la gloria taurina
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Continuará..........

Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 280, Madrid, 03 de noviembre de 1949
Colaboración de Germán Urrutia Campos